Saturday, November 23, 2013

LOS DE JUNTO




- ¡Quiero ver sangre!

El grito del vecino hizo que mi corazón diera un vuelco.

La familia de junto tenía una de sus múltiples reuniones en el jardín trasero, que está precisamente al lado de la ventana de mi recámara. Habían estado “cantando”, si es que se le puede dar tan pomposo título a lo que habían estado haciendo. Aunque más exacto sería decir que repetían a gritos las palabras de las canciones que escuchaban, o que escuchábamos, pues hasta mi recámara llegaba la música de su radio.

Era una noche de marzo con calor de cuaresma y yo no había querido abrir la puerta de mi terraza por temor a escucharlos aún más cerca, si es que eso era posible. Me había intentado distraer leyendo, esperando en el fondo de mi alma que se fuera la luz y su radio no sonara más, cuando escuché el grito del vecino:


- ¡Quiero ver sangre! ¡Quiero ver sangre!

“Se van a matar entre ellos”, pensé ilusionada, y hasta una sonrisa apareció en mi cara. Qué bueno que nadie me vio.

- Yo le voy al negro -dijo una voz femenina.

- Yo no -dijo otra.

- Es que tú eres muy racista -dijo la que le iba al negro.

Entonces comprendí de qué se trataba y mis ilusiones de que mis vecinos se pelearan entre ellos se desvanecieron.

El sonido de la tele tomó el lugar de la radio: había una pelea de box.

- ¡Péguense! ¡Péguense! –volví a oír la voz del vecino, como si fuera el amo dando órdenes a sus esclavos.

- ¡Órale! –dijo alguien.

- Pinche negro –dijo la voz de la racista, quien es la abuela de esa singular familia.

 Y después agregó:

- Te bajaron del árbol, cabrón.

Mi sorpresa iba en aumento. De alguna manera, me sentía invasora de su intimidad, a la vez que me sentía invadida en la mía. Su racismo y su vocabulario estaban rompiendo mi armonía. En secreto, estaba siendo partícipe de la vulgaridad de esas personas.

¿Debería hacer algún ruido que les hiciera saber que alguien podría escucharlos? ¿Tal vez apagar la luz y volver a prenderla?

Pero, por otro lado, sentía esa curiosidad morbosa por saber qué más dirían.

- ¡Eso! ¡Dale, dale! –el vecino todo lo dice dos veces.

- ¡Dale! –dijo la vieja.

- ¡Eso, eso, eso! ¡En la jeta! ¡En la jeta! –creo que dijo la que no es racista.

- ¡Buena! ¡Buena pelea! ¡Buena pelea!

A ratos había silencios, en lo que supongo que estaban muy concentrados, disfrutando ver a otro ser humano ser golpeado.

De pronto, la vieja exclamó feliz:

- ¡Ay! Qué derechazo le dio.

La que le iba al negro dijo:

- Pero… pobre negrito…

- ¡Qué buen derechazo! –dijo la vieja, aún más feliz que antes- ¡Eso! ¡Eso!

- ¡Órale! ¡Órale! –dijo una voz de mujer.

Se oyeron botellas chocar entre sí, tal vez de cerveza. Me los imaginaba borrachos, sedientos de violencia.

- ¡Toma! ¡Toma! –el vecino estaba disfrutando la escena que veía. Se oía muy emocionado, como si él mismo estuviera desquitándose de algo.

Después hubo un largo silencio. Yo sólo alcanzaba a oír la voz del comentarista de la TV, como un murmullo lejano. Hasta empecé a dormirme. Todavía podía oír las voces de los vecinos, pero ya no entendía lo que decían.

- ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! –gritó la vieja de pronto, como si le estuviera dando un infarto.

- ¡Ay caray! –dijo otra voz femenina.

- Ya van dos que le pone sabrosos, ¿eh? –opinó el vecino.

- Se estaba reservando pa´l final.

Me dio gusto oír la palabra final. Con tal de que no decidieran cantar después, todo estaba bien.

- ¡Lo desestabilizó! ¡Lo desestabilizaron! –volvió a exclamar el vecino, quien no sé si por la emoción o por las cervezas, pero cada vez su voz sonaba peor.

- ¡Le está dando con todo! –exclamó emocionadísimo- ¡Qué buena pelea!

- ¡Eso! ¡Eso! –decían las voces femeninas, como un coro.

- ¡Tómala!

Y todas se rieron.

- ¡Eso! ¡Eso! –remató la vieja.

Supongo que fue el final de la pelea y creo que el negro no ganó porque la abuela estaba feliz.

Después, volvieron a hablar en voz baja y yo me pude dormir.

 

SILVIA RAMIREZ DE AGUILAR P.

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